Desde que tengo memoria ha prevalecido en mí un estado de ánimo triste. Siempre que pienso en mi infancia me recuerdo deprimida, nunca fui como la mayoría de los niños juguetones y optimistas. La verdad es que no había razones para que estuviera triste, al menos no razones que me afectaran directamente; yo vivía preocupada por la hambruna mundial, los perros callejeros, la contaminación , los animales en peligro de extición, etc.
Y hasta la fecha, en la edad adulta, siguen habiendo muchas razones que hacen que mi ánimo decaiga, no hay día en que no me afecten las injusticias y visicitudes de este mundo, no puedo dejar de pensar en las personas que sufren penas interminables, que tienen un amargo despertar cada día.
Mi psicologa dijo que es depresión por desequilibrio hormonal, pero lo raro es que no hay terapias ni medicamentos que me hagan sentir bien. Todos los días despierto con un nudo en la garganta que se va disipando a lo largo del día; a menudo despierto a media noche con la mejillas bañadas de lágrimas gestadas en los sueños y que traspasan las barreras de la realidad.
Algunos días me gana la antipatía y logro escapar un momento de esas sombras que me persiguen, y esto lo logro gracias a la lectura; no hay una cura permante para esto, aunque ya he aprendido a vivir así, cargando con penas que no me corresponden.
"El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto
y también a llorar con carcajadas."
Reir llorando. Juan de Dios Peza
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto
y también a llorar con carcajadas."
Reir llorando. Juan de Dios Peza



