lunes, 16 de marzo de 2009

Espejismos

Se me perdió mi latido intrépido en el bosque exacerbado de locura. Fue una mañana, tal vez, solo recuerdo que la mirada dolía. De repente oscureció, y la negrura de la noche se avivaba, hablaba, reía, se escapó el espíritu guardado tan celosamente, y se volvió a esconder en la hendidura de la de la roca más dura que existía; no sé si era alabastro, obsidiana o granito. Se internó en el frio de la roca.
Soplaba el viento, sentía la brisa voluptuosa, la luz se descomponía en finas telarañas doradas, y las lágrimas chocaban con las gotas de rocío.
La incitante e hipnótica música de mi utopía se convirtió en un estridente ruido de metales.
La insistencia del vívido perfume me atrapó y lo fui siguiendo hasta toparme con el tótem que tanto temía, con ojos de fuego o a veces de ámbar, con boca de sangre, con un látigo de palabras que hacían imposible mi huida.
El ruido taladraba mis oídos anclándose en ellos, el olor se atornilló en mi respiración y no pude echarlo de ahí.
Y me convertí en autómata, ya no busqué el rozagante perfume del beso perdido, me quedé atrapada bajo la tierra cual Perséfone, encadenada a las ideas extenuantes, por la ilusión tridimensional de lo inexistente, por el oasis desbordante de veneno.
Mi universo se redujo a un átomo de argentum , que se enclavo hasta el fondo de la silla turca, mi liberada mente volaba hacia el sur con deseos de quedarse ahí para siempre. El deseo encontró acomodo en el silencio y el aliento desesperado, embriagante, se desbordó como una marejada insolente contra la roca estática y se interno en el dilapidado laberinto de emociones y desvelos,
La lava ardiente se convirtió en roca volcánica, y el espíritu emprendió la retirada, buscando inconscientemente un sorbo de dulce néctar que aliviara el acre sabor de abandono.
No hay mas tótem, solo un borroso recuerdo del enclaustrado tesoro dentro del ártico corazón de niebla, que se reduce a nada cuando lo quiero tocar, que se esconde, corre, ríe sin cesar.
Ya no huyas, solo deja que la luz cegadora acabe por siempre con tu potente oscuridad.
Yo, como hoja al viento pararé hasta donde otro monstruo no me pueda atrapar.

lunes, 2 de marzo de 2009

Un frío adios..


Hoy falleció un compañero de la preparatoria de mi hermano, tenía como tres años luchando contra la leucemia hasta que su cuerpo no pudo mas, tan solo tenía 19 años. Nunca me conmueve la muerte de personas con quien no tuve trato, pero en este caso sí. Una vez lo escuche contarle a mi hermano su travesía a lo largo de las quimioterapias con una entereza sorprendente. No parecía estar enfermo, se le veía tranquilo y alegre. Vivía en una comunidad cerca de donde yo vivo, y su familia siempre estaba luchando para conseguir dinero para pagar sus tratamientos. También recuerdo a su mamá hablando de que su recuperación avanzaba, de que tenía muchas esperanzas de sanar. Pero ese día nunca llego. Y a que viene todo esto?? Yo muchas veces he dicho que si la vida pudiese donarse yo no dudaría en darla a alguien así, alguien que tenga ganas de vivir, alguien con el entusiasmo de ese chavo ( que ni siquiera se su nombre) en verdad se la daría, porque yo que tengo salud y seudo bienestar no sé valorar la vida y tengo obsesión con la muerte, porque mi esencia pragmatista me dice que yo no soy útil para nada en este mundo, comparados con el universo somos tan insignificante, y hay que ceder el lugar para quien realmente sea benéfico ya que en estos tiempos hacen mucha falta esas personas.
No sé si sea mi ciclo, pero cuando supe que murió sentí mucha tristeza, tal vez porque nunca eleve una plegaria por él a mi dios pagano, porque nunca le regalé una sonrisa o un saludo. Porque mi hermano nunca lo visitó, porque tal vez el merecía ser feliz y estar aquí respirando este aire que a mí no me sirve de nada. Un saltimbanqui huesudo se lo ha llevado, espero que sea feliz dondequiera que esté, y que se encuentre muy lejos de este mundo, de este infierno de otro planeta, y que lleve consigo una caja de cristal con los buenos momentos que aquí pasó…
Adiós Abraham, que Caronte guie tu espíritu hasta el edén de tus sueños…
(Ya pregunte su nombre)